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De 5.500 a 1.785 muertes al año: el balance de dos décadas de permiso por puntos

El 1 de julio de 2006 entró en vigor en España el permiso por puntos, un sistema que transformó de forma duradera la manera de entender la conducción. Veinte años después, los datos confirman que aquella reforma cumplió su doble objetivo: reducir la siniestralidad vial y modificar los hábitos de millones de conductores.

Antes de esa fecha, la sociedad española asumía los accidentes de tráfico casi como algo inevitable. La Ley 17/2005 introdujo una idea nueva: conducir no es un derecho absoluto, sino un crédito de confianza que puede perderse si no se respetan las normas. Con su entrada en vigor, casi 22 millones de conductores pasaron a disponer de 12 puntos, mientras que los noveles, con menos de tres años de carné, comenzaron con 8.

Un descenso sostenido de la siniestralidad

Los números respaldan el balance positivo del permiso por puntos. En 2005 se registraron 91.187 siniestros con víctimas y 4.442 personas fallecidas. En 2024, último año con datos consolidados, los siniestros con víctimas ascendieron a 101.996, pero las muertes se redujeron a 1.785. La tasa de fallecidos por millón de habitantes pasó de 101 a 37 en ese periodo.

Pere Navarro, director general de Tráfico, resume así el cambio de fondo: el permiso por puntos ayudó a asumir que los siniestros de tráfico son evitables y que la seguridad vial exige una responsabilidad compartida entre administraciones y conductores. En la misma línea, Ramón Ledesma, exsubdirector general de Normativa y Recursos de la DGT, sostiene que la reforma modificó “la sensación de impunidad” y con ella, comportamientos ligados al alcohol, la velocidad o el uso del cinturón.

Por qué interesa también al sector del taller

Aunque el permiso por puntos nació como una medida de seguridad vial, su recorrido tiene implicaciones para el sector de la reparación de vehículos. El descenso de fallecidos y heridos graves ha ido acompañado de un ligero aumento del número total de siniestros, muchos de ellos leves. Esto se traduce en un parque de vehículos que sigue generando trabajo de chapa y pintura, aunque con menor gravedad media en los daños.

Además, el sistema convive hoy con los cursos de conducción segura y eficiente, de carácter voluntario, pensados especialmente para conductores profesionales. Se trata de una formación que empresas del sector, incluidos talleres con flotas propias, vehículos de cortesía o personal que realiza pruebas de ruta, pueden valorar para sus equipos como parte de una gestión responsable de la seguridad vial.

Un consenso poco habitual

Pocas reformas legislativas logran un respaldo tan amplio como el que acompañó al permiso por puntos. Antoni Riu, subdirector de Educación, Divulgación y Formación Vial de la DGT entre 2004 y 2009, recuerda que la ley se aprobó en el Congreso “sin ningún voto en contra”, con el apoyo de todos los grupos políticos y de las asociaciones de víctimas de tráfico. Jordi Jané, presidente de la Comisión de Seguridad Vial del Congreso entre 2004 y 2015, coincide: dos décadas después, ningún partido relevante ha planteado suprimir el sistema, señal de que la sociedad lo considera ya necesario.

Ese consenso inicial no llegó por casualidad. Antes de su puesta en marcha, se dedicó un año completo a explicar a la ciudadanía en qué consistía la reforma y a preparar los cursos de recuperación de puntos, un esfuerzo coordinado entre los departamentos jurídico, de informática, comunicación y formación vial de la DGT.

Retos pendientes

Veinte años después, persisten desafíos. Ramón Ledesma señala el uso del teléfono móvil al volante como la asignatura pendiente del sistema, mientras que Ana Novella, presidenta de Stop Accidentes, apunta a la reincidencia como un problema que los cursos de recuperación de puntos no siempre logran resolver. Mar Cogollos, de AESLEME, insiste en que la educación vial debe evolucionar al mismo ritmo que los nuevos hábitos de movilidad. Con todo, el propio director de la DGT recuerda que el objetivo del permiso por puntos nunca fue sancionar por sancionar, sino conseguir que, entre todos, condujéramos mejor.

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