En el trabajo cotidiano de un taller, cada intervención tiene impacto. También aquellas que no quedan recogidas con precisión en la valoración inicial. Cuando en una peritación no se incluyen desde el principio todas las piezas dañadas y el vehículo debe volver para completar la reparación, la rentabilidad del taller puede verse comprometida.
ASETRA informa sobre un supuesto que puede producirse en determinadas peritaciones de Mutua Madrileña: el perito no autoriza, durante la visita inicial, la reparación de todas las piezas afectadas por un mismo siniestro. Sin embargo, una vez finalizada la primera intervención, esas piezas pueden ser finalmente consideradas y aceptadas.
A primera vista, podría parecer una simple ampliación de daños. No obstante, para el taller puede implicar una nueva carga operativa, más organización interna y costes que conviene controlar.
Rentabilidad del taller: el impacto de una reparación partida
Cuando el vehículo vuelve al taller para reparar piezas que no fueron aceptadas en la valoración inicial, el profesional no retoma el trabajo desde cero administrativo, pero sí debe repetir procesos reales.
Entre ellos se encuentran la preparación del vehículo, la organización del puesto de trabajo, la planificación de recursos, la preparación de mezclas, la limpieza de equipos y otros tiempos necesarios para ejecutar correctamente la reparación.
Además, si esta segunda intervención se considera parte del mismo parte, puede producirse una situación desfavorable: la eliminación de la constante, también conocida como cte, asociada al proceso. Es decir, puede entenderse que ya fue abonada en la primera reparación y que no corresponde aplicarla de nuevo.
Sin embargo, desde la perspectiva del taller, existe una realidad evidente: el vehículo ha regresado y se está realizando una nueva intervención operativa.
La constante no es un detalle menor
La constante vinculada a los trabajos de preparación no debe interpretarse como un concepto accesorio. Representa tiempo, medios y organización. Por tanto, cuando el taller repite esos procesos, también asume un coste.
En estos casos, además de abonar la reparación, los tiempos y los materiales de pintura correspondientes a las piezas finalmente autorizadas, la aseguradora debería abonar también la constante correspondiente a los trabajos de preparación cuando proceda.
Según el supuesto analizado, esta constante puede suponer hasta una hora de mano de obra. Por tanto, su no aplicación puede provocar una pérdida directa en la rentabilidad del taller.
El problema no está solo en el importe aislado. Está en la repetición. Si estas situaciones se acumulan en distintas órdenes de reparación, el impacto sobre los márgenes puede ser significativo.
Cuando el mismo parte exige una nueva intervención
Uno de los argumentos que pueden plantearse es que la constante ya se abonó en la primera reparación, al tratarse del mismo parte. No obstante, el hecho de que el expediente sea el mismo no elimina la realidad del trabajo adicional.
El taller debe volver a recibir el vehículo, planificar la entrada, preparar la zona de trabajo y ejecutar procesos que ya había realizado. Por tanto, no hablamos de una simple continuidad administrativa, sino de una actuación técnica que requiere tiempo efectivo.
Además, esta situación puede afectar a la planificación diaria del taller. El regreso del vehículo obliga a reorganizar agendas, ocupar recursos y ajustar la carga de trabajo. Todo ello tiene un efecto directo en la eficiencia.
Por este motivo, ASETRA recomienda prestar especial atención a las peritaciones en las que no se autoricen todas las piezas afectadas en la primera visita.
Cómo debe actuar el taller ante piezas no aceptadas
El primer paso consiste en revisar cuidadosamente la valoración inicial. El taller debe identificar si existen piezas afectadas que no han sido aceptadas por el perito y dejar constancia de ello.
Después, si esas piezas se autorizan en una fase posterior, conviene controlar que la valoración incluya correctamente todos los conceptos aplicables. En especial, debe comprobarse la inclusión de la constante cuando el vehículo regresa para completar trabajos inicialmente no autorizados.
Asimismo, resulta aconsejable justificar la petición de forma clara. El argumento principal es sencillo: se trata de una nueva intervención con procesos que deben repetirse.
Esta explicación permite defender que el taller no está solicitando un concepto duplicado sin motivo, sino la remuneración de trabajos reales, necesarios y ejecutados.
Un criterio confirmado con Mutua Madrileña
ASETRA ha contrastado este procedimiento con el Equipo Técnico de Siniestros de Mutua Madrileña, que confirma el planteamiento expuesto cuando concurren las circunstancias mencionadas.
Por tanto, el taller dispone de una referencia clara para actuar. Cuando el vehículo regresa para reparar piezas inicialmente no aceptadas, debe analizarse si corresponde aplicar de nuevo la constante por los procesos repetidos.
Este control es especialmente importante porque la rentabilidad del taller no depende solo de facturar más. Depende también de valorar correctamente cada operación, cada tiempo y cada recurso empleado.
La rentabilidad se defiende en cada valoración
En un contexto de márgenes ajustados, ningún concepto debe quedar fuera si responde a un trabajo real. La no aplicación de la constante puede parecer una cuestión menor, pero afecta directamente a la rentabilidad del taller.
Por ello, ASETRA recomienda a los talleres revisar estas situaciones con rigor, documentar cada caso y reclamar la incorporación de la constante cuando corresponda.





























